Esta claro que, desde hace algún tiempo, los sectores interesados en el desarrollo de la extracción de hidrocarburos no convencionales están cambiando de estrategia.

Informes como el Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas de España, “Gas no convencional, una oportunidad de futuro”, cursos como el realizado en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Oviedo “I Curso de Hidrocarburos no Convencionales” o más recientemente en Torrelavega, sobre “’El nuevo panorama del petróleo: los hidrocarburos no convencionales”, en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Minas y Energía, así como artículos publicados en prensa como “El “fracking” o la sordera hacia la ciencia” [1]; artículo, que por cierto, manipula las informaciones del IPCC sobre el gas de exquisto e ignora sus advertencias sobre la fuga de metano; son una muestra de cual es la nueva estrategia.

Este cambio se debe a que “estamos ganando” lo que no quiere decir que la lucha haya terminado, ni mucho menos, pero está claro que somos un riesgo para su negocio. Este riesgo está siendo estudiado por empresas especializadas de ámbito internacional, como Control Risks, una consultora, que, como ella misma indica, se especializa en ayudar a las organizaciones a gestionar los riesgos y las oportunidades en entornos complejos y hostiles, y que ha publicado el informe “The Global Anti-Fracking Movemen” [2].

En el caso español centran su atención en la Asamblea contra la fractura hidráulica de Cantabria, cuyo éxito se explicaría, tanto por su trabajo, centrado en un objetivo concreto; la lucha contra el desarrollo de los gases no convencionales; como por su gran activismo social, muy enfocado en las actividades de base. Si a esto unimos la coordinación estatal e internacional, y una administración; tanto en el ámbito municipal, como en el gobierno de Cantabria; hostil, opuesta a su desarrollo, con moratorias y prohibiciones, cancelación de permisos y estrictas restricciones ambientales, el riesgo es significativo.

Para llevar a cabo las estrategias recogidas en estos estudios es para lo que, en el 2012, se había creado la plataforma Shale Gas España; “con el objetivo de proporcionar información a cualquier ciudadano o asociación interesados en entender y conocer más de cerca qué es el shale gas”. Esta plataforma, que reúne a la industria, expertos en hidrocarburos, en relaciones públicas o en comunicación y académicos para compartir y comunicar la ciencia y tecnología existentes detrás de la exploración y explotación del shale gas, y cuya principal actividad es la “generación de estados de opinión y propuestas normativas en el ámbito del gas natural”, es decir, la de tratar de cambiar la percepción que, de la Fractura Hidráulica, tiene la sociedad, percepción tanto desde un punto de vista global como local, pero esta estrategia había fracasado.

Su falta de credibilidad, el entender que claramente defendían unos intereses muy concretos, el entender que “venían de fuera” para intentar cambiar un modo de vida ligado a la tierra, el entender que las ofertas de reparto de beneficios, en el ámbito local, no era más que un intento de soborno, y su nula capacidad de “hacer amigos”, es decir, de lograr aliados locales, especialmente por los graves errores cometidos; como amenazar de expropiación a los propietarios que no accedieran a negociar; con proyectos que ni siquiera habían sido definidos, ha sido algunas de las causas.

Ante esta situación, y como Isaac Álvarez, ingeniero de minas, y de larga experiencia en la industria de la exploración y producción de hidrocarburos, planteó durante la Jornada de análisis sobre la aplicación de la técnica de fracturación hidráulica, organizadas por el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, lo que había que hacer era “sacar el debate de la calle, apelando al debate y a los foros cualificados, como lugar de discusión sobre los planes de fracturación hidráulica. Esta posición coincide con la de Enrique Hernández Bento, subsecretario de energía y turismo, que reconocía que el debate social sobre el Fracking lo tenían perdido.

A partir de entonces, y como he mencionado en el primer párrafo, son los “expertos”; especialmente los ingenieros de minas; sus representantes en los colegios profesionales, y sus escuelas y universidades, las que toman un mayor protagonismo. Esto incluye la realización de informes; en lo que son parte interesada, tanto técnica como empresarial; la realización de jornadas y cursos, en los que ya no se niegan ninguno de los problemas planteados, si no que se trata de minimizarlos, y tratando de convencernos de que existen soluciones tecnológicas para cada uno de ellos.

Esta nueva estrategia incluye el invitarnos a participar en los debates, tratando de llevar la discusión a su terreno, pero de nuevo se equivocan. No rechazaremos participar en esos debates; la mayor parte de ellos enormemente desequilibrados, en los que nos encontramos con una gran número de ponentes, todos ellos a favor de la aplicación de esta tecnología; pero seguimos teniendo absolutamente claro que el debate debe de seguir estando en la calle, donde debemos seguir influyendo en las decisiones políticas y convenciendo a la opinión pública de la necesidad, en primer lugar de no aceptar este salto tecnológico, y en segundo lugar de hacer ver la necesidad de un cambio de modelo energético, más sostenible, bajo en carbono y socialmente justo, y ahí es donde va a seguir.

Paco Ramos, Ecoloxistes n’Aición d’Asturies

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