Las centrales nucleares de Doel 3 y Tihange 2 en Bélgica se han cerrado por fallos en la construcción de las vasijas de sus reactores. La central de Garoña (Burgos) podría presentar el mismo problema, lo que impediría su reapertura.

La empresa de electricidad belga Electrabel ha decidido cerrar las nucleares de Doel 3 y Tihange 2 debido al agravamiento de los problemas que se descubrieron en las inspecciones de 2012. Se descubrieron más de dos mil indicaciones y fisuras en las vasijas de estos dos reactores que se produjeron por el sistema de fundición del metal que usó la empresa holandesa Rotterdam Droogdok Maatschappij, Las planchas que luego se usaron en la fabricación de la vasija presentaban pequeñas burbujas de hidrógeno que deben evitarse mediante procedimientos especiales de fabricación. Si esto no se hace así, esas pequeñas burbujas van creciendo de tamaño y dan lugar a la aparición de fisuras por efecto de la radiactividad y de las condiciones del reactor. Sin embargo el procedimiento de fabricación de aquel metal no se hizo de forma apropiada y las dos centrales se han visto obligadas finalmente a cerrar tras la reapertura que se produjo el año pasado. Las fisuras se detectaron mediante un procedimiento especial de ultrasonidos más costoso y complejo que el habitual.

El caso es que la central de Garoña, cuya vasija fue fabricada por la misma empresa, podría presentar los mismos problemas que las dos centrales belgas. Hasta la fecha, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) no había realizado ninguna actuación al respecto por encontrarse Garoña con el Cese de Explotación desde julio de 2013. Sin embargo, la solicitud de prórroga de funcionamiento por 17 años por Nuclenor deberá obligar al CSN ha realizar los estudios e inspecciones pertinentes para valorar si Garoña puede estar afectada por los mismos problemas de las dos centrales belgas. Si esto fuera así, Nuclenor se enfrentaría a un obstáculo insalvable para su reapertura. Este será uno de los esfuerzos adicionales que el CSN deberá hacer en el proceso de evaluación de la central de Garoña. Podría ser que la vieja central burgalesa no pudiera nunca volver a arrancar.

Dadas las condiciones en que se encuentra la central, con múltiples sistemas degradados y con la necesidad de realizar grandes gastos, lo mejor sería olvidarse de la posibilidad de proceder a su reapertura y mantenerla con el cierre definitivo de explotación. Nuclenor ha puesto como condición que Garoña funcione 17 años más, hasta el límite de 60, lo que resulta simplemente temerario dadas las condiciones en que se encuentra la central. De otra forma esta empresa no correrá el riesgo de gastar más de 150 millones de euros para poner en marcha el reactor. Decir que Garoña cerró por problemas económicos y no de seguridad es simplemente una falsedad. Si no hubiera problemas de seguridad no sería necesario realizar nuevas reparaciones y nuevas inspecciones.

Garoña es una central innecesaria y su hipotética reapertura supondría un gran riesgo para los ciudadanos y el medio ambiente.

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