La crema solar para cuidar la piel en la playa, el flotador para proteger a los niños en el mar. Productos tan cotidianos en las vacaciones de verano pueden llegar a afectar la salud, al igual que alimentos, artículos de limpieza o piezas de ropa. En todos ellos están presentes las llamadas sustancias disruptoras endocrinas. Una campaña internacional llama a la movilización ciudadana para lograr que la Comisión Europea regule el uso de estas sustancias.

Ecologistas en Acción y otras treinta organizaciones de toda Europa se han unido para dar a conocer el problema de los alteradores hormonales o sustancias disruptoras endocrinas (EDC en sus siglas en inglés) presentes en alimentos y artículos de consumo. Llaman a los ciudadanos a tomar fotografías que se subirán a una galería on-line. A través de twitter se podrán enviar mensajes con la etiqueta #EDCFree.

Es importante movilizarse de cara a los próximos meses, cuando la Comisión Europea y los gobiernos europeos deben tomar decisiones importantes sobre el uso o prohibición de los EDC. Los informes científicos, como el publicado por la Organización Mundial de la Salud, confirman el riesgo de estas sustancias, pero la presión de ciertos sectores de la industria podría retrasar la toma de decisiones.

Muñecos de plastilina, tostadoras y latas de sardinas junto a una flecha en la que se lee “¿Cómo me afecta?” Estas son algunas de las primeras imágenes de la campaña, donde queda patente hasta qué punto los disruptores hormonales pueden estar presentes en nuestra vida diaria.

Los EDC son sustancias capaces de alterar el equilibrio hormonal y la regulación del desarrollo embrionario. Pueden, por tanto, provocar efectos adversos sobre la salud de un organismo o de su progenie incluyendo cáncer (mama, ovarios, testículos, etc.), daños al sistema reproductor, obesidad, diabetes, daños neurológicos y otras graves enfermedades crónicas.

Las mujeres embarazadas y lactantes y los niños son especialmente vulnerables a estas sustancias, que actúan en dosis muy bajas (a niveles existentes ya en la población europea), presentan efectos combinados (mezclas de sustancias pueden ser más tóxicas que sustancias individuales) y, por tanto, no tienen límites de exposición seguros.

Los EDC pueden estar presentes en alimentos (Ej. plaguicidas, BPA, ftalatos) y en numerosos productos y artículos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, desde juguetes (Ej. ftalatos), productos de higiene (Ej. parabenos), cremas solares (Ej. benzofenonas, 4MBC, OMC), ropa (Ej. alquilfenoles) o aparatos eléctricos y electrónicos (Ej. pirorretardantes bromados).

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