Apagar todas las luces esta noche a las diez durante diez minutos. Es una iniciativa contra las subidas del precio de la electricidad a la que se suma Ecologistas en Acción, advirtiendo que la protesta debe ir más allá. Los consumidores deben rechazar de manera continuada las trabas a las energías renovables, el apoyo a la gran industria eléctrica y sus fuentes de energía sucias de gran impacto ambiental.

El apagón convocado desde la redes sociales es un reflejo de la indignación social por unos crecientes precios mientras las eléctricas siguen registrando beneficios. Pero no sólo hace falta bajar las facturas, es necesario reformar el sector en profundidad. Garantizar el acceso a la red de todas las personas, cubrir los costes reales del consumo de energía y caminar hacia un sistema 100 % renovable, promoviendo el ahorro y la eficiencia.

En este sentido, la organización insta a la sociedad a reducir su consumo al menos en un 30% de forma permanente, lo que es posible de forma inmediata mediante mecanismos de eficiencia y racionalización del consumo.

La organización ecologista denuncia la falacia que ha supuesto la liberalización del mercado eléctrico puesta en marcha con la ley de 1997 y el ataque continuado que han sufrido las energías renovables en los últimos años por parte de gobiernos y UNESA. La práctica totalidad de las actividades tanto de generación, como de distribución y comercialización están en manos de cinco empresas que funcionan a modo de oligopolio, con interés en seguir contaminando, y que son las que dictan las leyes que regulan el sector.

Estas empresas han obtenido beneficios de miles de millones de euros al año, por encima del déficit que reclaman. La causa de esta paradoja es el propio funcionamiento del mercado eléctrico, que permite que se obtengan grandes beneficios en generación mientras se reclaman pérdidas en las actividades reguladas. Un problema que se originó cuando en 2005 el gobierno optó por acumular deuda para no subir los peajes de acceso.

Ocultar los costes reales sólo conduce a tener que pagarlos en el futuro con intereses acumulados, aunque en el caso del mercado eléctrico estos costes sean más que discutibles. Lo que se suele olvidar es que en el plano medioambiental y de recursos, los países industrializados viven muy por encima de los límites de regeneración de los ecosistemas, una deuda ecológica que tarde o temprano pasará factura a la sociedad.

En el plano energético, las actividades sucias e insostenibles, principalmente en manos de las grandes empresas (nucleares, térmicas, gran hidráulica…), no pagan los impactos sociales y ambientales que causan. Algunos ejemplos son los costes sanitarios por contaminación atmosférica, los costes de adaptación al cambio climático, o la gestión de los residuos radiactivos, que asume en su mayor parte la sociedad y los consumidores, con costes impredecibles, como consta en el preámbulo de la Ley 15/2012.

Las renovables son la única opción a medio y largo plazo y para luchar contra el calentamiento global. Son ya una realidad viable técnica y económicamente, pero deben ir acompañadas de medidas de reducción drástica del consumo, lo que precisamente no interesa en un sistema en que las eléctricas sacan más beneficio cuanto más se consume.

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