Ecologistas en Acción celebra el próximo fin de la central nuclear de Garoña, vista para sentencia con la activación por parte del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de los protocolos de cierre. El Medio Ambiente y la seguridad salen ganando con este paso y ahora es necesario que se activen planes de desarrollo e industrialización sostenible para paliar el impacto sobre los trabajadores y la comarca. Es la inseguridad técnica, más que la económica o la jurídica, la que aboca al cierre.

La central burgalesa quedará previsiblemente desactivada en julio de 2013, después de que la empresa gestora, Nuclenor, no solicitara en plazo una prórroga de funcionamiento hasta 2019. Se trata de un cierre patronal forzado por las circunstancias políticas, pero también por una presión de la sociedad que demanda un mayor respeto al Medio Ambiente y mayores niveles de seguridad de las centrales nucleares.

Llama la atención la ausencia de quejas por los puestos de trabajo perdidos que se ha dado en esta ocasión y que contrasta con la fuerte campaña que se produjo en 2009. Esto parece indicar que no eran los trabajadores la verdadera preocupación de la industria nuclear.

El accidente de Fukushima, gemela de Garoña, y la aparición de fisuras en la vasija del reactor belga de Doel 3, del mismo fabricante que el de la central burgalesa, han sido claves en el cierre. Ante estas graves circunstancias, el CSN había exigido nuevas inversiones en Garoña para continuar funcionando.

Los representantes de Nuclenor argumentan que la incertidumbre jurídica y económica, ante la posible aplicación de una tasa sobre la producción nuclear, ha motivado su decisión. Pero los factores técnicos han sido decisivos.

La central registra ya numerosos problemas técnicos, entre los que cabe destacar la corrosión del circuito primario, que ha motivado la aparición de fisuras en piezas tan importantes como el barrilete y las penetraciones de las barras de control. Además, el CSN ha detectado problemas en el control de gases de la contención, los cables de comunicaciones, el aislamiento de la sala de control, etc.

Ante este cúmulo de problemas técnicos, no es de extrañar que Nuclenor no desee continuar explotando la central. No es descabellado que en un futuro próximo deban realizarse paradas técnicas temporales por averías. Unas paradas durante las que la central dejaría de obtener beneficios de explotación, algo que no compensa a la industria nuclear en el caso de Garoña, a pesar de tratarse de una central que ya está amortizada.

Ecologistas en Acción celebra que finalmente se proceda al cierre de esta peligrosa y antigua central. Asimismo, reclama que se retomen los planes de desarrollo e industrialización de la zona para paliar el impacto sobre los trabajadores y la comarca del cese de la central.

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