Miles de personas provenientes de distintos puntos de Castilla-La Mancha y también de otras comunidades como Cataluña, País Valencia, Madrid y Castilla y León se han concentrado en Villar de Cañas (Cuenca) para expresar su rechazo a la energía nuclear.

La Plataforma contra el Cementerio Nuclear de Cuenca, de la que forma parte Ecologistas en Acción, ha valorado la concentración como un éxito y ha mostrado que no existe consenso social sobre el cementerio nuclear, motivo por lo cual debería bastar para no continuar con el irracional proyecto que supondrá hipotecar el futuro de la comarca y la región.

Los riesgos del cementerio nuclear (ATC) para la población y el medio ambiente son los consustanciales a la producción energética nuclear en todo su ciclo; fugas radiactivas, intensidad del transporte de residuos nucleares y por tanto de posibles accidentes, actos terroristas, catástrofes naturales (inundaciones, terremotos…), etc. Por si no esto no fuera bastante, el cementerio nuclear se ubicaría en la cabecera del río Záncara, que atraviesa todo el acuífero 23.

Es previsible la nuclearización de la comarca y de Cuenca en general, pues el almacén temporal centralizado atraerá la creación de infraestructuras y centros de investigación sobre energía atómica, incrementando exponencialmente algunos de las situaciones de riesgo descritas. Otro aspecto no menos importante es la falta crónica de cultura de seguridad de la industria nuclear, y la deficiente aplicación de los planes de evacuación y emergencia de la población civil, cuando los hay. Nos encontramos pues ante una ruleta rusa que los 6 millones de euros por año vía subvenciones, pobremente compensan.

Sabido es que el proceso de tramitación administrativa, culminado con la elección del Consejo de Ministros del pasado 30 de diciembre fue en todo caso irregular, opaco y resuelto en tiempo récord. El hecho mismo de que las candidaturas presentadas fueran precedidas de acuerdos municipales de apenas media hora y en un clima de tensión social entre partidarios y detractores, refleja lo mucho que nos falta en alcanzar un debate y un consenso social en un asunto público y de Estado crucial, como es el futuro de la energía nuclear en los programas de planificación energética.

Villar de Cañas y la Manchuela conquense tienen posibilidades, opciones y recursos más que suficientes para salir adelante, lejos de peligrosas aventuras que hipotequen la seguridad, bienestar y futuro de sus gentes. La reactivación de auténticas políticas de desarrollo rural, fijando población y con apoyo y ayudas a emprendedoras, potenciando las pequeñas explotaciones familiares ligadas al territorio, el cooperativismo, los ciclos de comercialización cortos y sin intermediarios de sus productos locales (agrícolas, ganaderos, forestales y artesanales), junto al agroturismo y turismo de naturaleza, son alternativas al peligroso desarrollismo nuclear, sentenciado a muerte en todo el mundo tras el accidente de Fukushima-Daiichi.

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